Estreñimiento en el Alzheimer

Un año más, nos acercamos al 21 de septiembre… el Día Mundial del Alzheimer. Un día que más o menos a todos nos toca de cerca. 

A mi, personalmente, el Alzheimer me ha tocado ya dos veces: mi abuelo materno hace algún tiempo, y mi tío abuelo: mi chache, que nos dejó hace menos de un año. 

Fueron dos demencias completamente distintas: mi abuelo se puso muy agresivo y en cambio mi chache fue todo amor hasta el final. 

Ambos me enseñaron mucho con su enfermedad, cada uno con sus particularidades, y las enseñanzas con las que me quedo son: 

-Que el movimiento es una manera de acceder a ellos cuando parece que ya no están (bailando, cantando, haciendo ejercicios…)

-Que puede que hayan olvidado quién son o quién eres tú… pero las emociones no se olvidan. (Además de mi experiencia, ahora también la ciencia me da la razón).

Hoy me gustaría compartir una experiencia personal y profesional (a veces, no se puede separar). Como no podía ser de otra manera, tiene que ver con el suelo pélvico.. y con la fisioterapia

Estreñimiento en el Alzheimer: la importancia del movimiento en el ritmo intestinal:

Mi abuelo materno tuvo Alzheimer, pero además tuvo un cáncer de colon y otro de próstata. En la fase más avanzada de su demencia, cuando ya estaba en la cama, regular su ritmo intestinal era clave para evitar problemas (fecalomas, obstrucciones…). El estreñimiento se convirtió en nuestro peor enemigo.

Pero la medicación, la demencia, las masas tumorales y la propia inmovilidad no hacía que la tarea fuera fácil. No había laxante que pudiera con ese estreñimiento.

Fue una lucha que tuvimos casi hasta el final, pero recuerdo un momento en concreto en el que el movimiento y la fisioterapia fueron esenciales. La verdad no se si lo recuerdo por lo efectivo o por lo escatológico.

Mi madre me contó preocupada que mi abuelo llevaba unos días sin hacer caca, y teníamos miedo de que se produjera una obstrucción o algo así. 

Ya le había dado todos los laxantes, kiwis, ciruelas y demás cosas que se podían dar, pero aun así no conseguía nada.

A mi se me ocurrió darle un masaje abdominal para favorecer el tránsito intestinal, pero aunque conseguí algo, no resolvió el problema completamente (ya me entendéis). 

Pasó todo el día, y no había manera de que saliera todo lo que sabíamos que había ahí dentro. Ante la desesperación, le dije a mi madre: “vamos a ponerlo vertical y voy a intentar andar con él”. 

No puedo describir la cara de mi madre cuando le dije que me ayudara a levantar a mi abuelo, que llevaba ya meses en la cama y encima que íbamos a intentar que caminara…, aunque fuera a costa de mis lumbares. 

Como buena fisio, yo sabía que cuando movilizamos personas, cuanto más cerca de la persona, más fácil es la movilización. Así que abracé a mi abuelo (con el riesgo de recibir algún que otro tortazo), puse sus pies encima de los míos y, con ayuda de mi madre, unas cuantas sábanas y una silla de ruedas por si necesitábamos descansar… empezamos a “caminar” por el pasillo. 

Pocos minutos después escuchamos un ruido muy característico y… solo puedo decir que faltó pañal, y que acabamos los dos en la ducha. (Tampoco hay que entrar en más detalles)

Con esta historia, que mi familia todavía se ríe a carcajadas al recordar (yo no me reí mucho en aquel momento) quiero ilustrar cómo el movimiento es esencial para evitar no sólo el estreñimiento, sino muchos problemas asociados a la Enfermedad de Alzheimer: úlceras, dolor, atrofia…

Si todavía pueden, desde aquí animo a todo el mundo que tenga en su entorno a pacientes con demencia a invitarlos/as a moverse, a bailar, a abrazarlos mucho y muy fuerte y sobre todo a quererlos/as porque estoy segura de que siguen ahí, en algún rinconcito de ese cerebro enfermo.

2 comentarios en “Estreñimiento en el Alzheimer”

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