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Dolor inguinal en el embarazo

¿Puede el dolor inguinal en el embarazo esconder algo más?

Hoy vengo reflexiva. Me gustaría hablar de algo que ha pasado estos últimos días en la clínica y me ha puesto a pensar en la importancia del diagnóstico diferencial. Os cuento un poco:

Llegó a la consulta una paciente embarazada de 8 meses con un dolor inguinal izquierdo de unos 3 o 4 días de evolución. Ella venía a la clínica a hacer preparación al parto y me llamó para adelantar la cita porque tenía verdaderas molestias. Afortunadamente se quedó un hueco y pudimos encajar su cita (ahora entenderéis lo de afortunadamente).

Cuando la vi levantarse de la silla en la sala de espera, el dolor parecía muy limitante, porque hasta que no dio un par de pasos no consiguió extenderse completamente.

No me llamó la atención especialmente porque es muy común que las mujeres embarazadas de estas semanas tengan alguna molestia similar. Una vez en la camilla, empecé a sospechar que quizás la causa podría no ser muscular.

La chica situaba el dolor a punta de dedo, en un lugar muy concreto de la zona inguinal izquierda, y lo que más me llamó la atención fue como al ver las dos piernas juntas, la izquierda estaba un poco más hinchada y de un color un poco más oscuro. La diferencia era muy sutil, pero se podía apreciar si prestabas la suficiente atención.

La consulta fue por la mañana temprano y cuando le pregunté si esa pierna se le hinchaba me contestó: ¡Uh! Si la vieras por la tarde… ¡es como el doble de la otra!

(Eso ya me puso las orejillas de punta)

A la palpación, la pierna estaba más dura y se quedaba la marca de los dedos muy fácilmente.

Le pregunté si le dolía cuando caminaba y me dijo un dato que me pareció importante: recordó que su sintomatología empezó tras una visita de rutina a la matrona. Al salir, había una pequeña cuestecita y tuvo que pararse tres veces para poder subirla porque sentía que la pierna le pasaba demasiado. Ella es una mujer muy deportista y esto le sorprendió.

Esto me siguió poniendo «sospechosa». Así que le dije que le iba a hacer una ecografía para asegurarme. Todos/as sabemos que las competencias de los/as fisioterapeutas en materia de ecografía engloban el ámbito músculo-esquelético, pero afortunadamente (otra vez) durante las formaciones nos dan algunas claves de diagnóstico diferencial: sobre todo para saber cuándo NO debemos tocar y debemos derivar. Son las denominadas RED FLAGS o banderas rojas.

Este caso, como puede que te estés imaginando era una bandera roja de libro.

Cuando miré su paquete vascular a la altura de la ingle… la vena femoral no se comprimía y el doppler (unos colorines que sirven para interpretar el flujo sanguíneo) no me daba ninguna señal

Así que decidí que lo mejor era no tocar esa pierna y derivarla a urgencias.

A las pocas horas me escribió con el diagnóstico: TROMBO EN LA FEMORAL. Reposo de 3 días y heparina para los próximos 6 meses.

La paciente a día de hoy está sin dolor en la ingle y con este problema totalmente controlado. Pero como decía al principio, hoy me gustaría reflexionar un poco sobre esto y la importancia del diagnóstico diferencial.

  • ¿Qué hubiera pasado si no me hubiera dado cuenta y hubiera drenado como si se satrase de un edema gesetacional?
  • ¿Y si la hubiera tratado como un problema muscular?
  • ¿Y si no hubiera tenido claro que ese es un caso de los que si o si tiene que derivarse?

Por suerte, (o quizás a las horas de formación y estudio) este no fue el caso y esta historia tiene un final feliz.

Pero aprovecho la ocasión para recalcar la importancia de acudir a profesionales sanitarios/as titulados y colegiados para asegurar que han recibido una formación suficiente en diagnóstico diferencial. Y en casos de patología, huir de quiromasajistas y perfiles similares.

Y si estás leyendo esto y eres fisioterapeuta, recuerda que hay que tener mil ojos y dos mil orejas para, sobre todo, saber cuando la mejor opción de tratamiento es no hacer nada y derivar.

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