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Emprender en Femenino

Otros años he aprovechado el 8 de Marzo, para hablar del papel de la fisioterapia en la lucha por la igualdad de oportunidades. 

Pero aparte de fisioterapeuta y mujer, también soy emprendedora. Y hoy quiero hablar de eso. Porque si emprender (y más en los tiempos que corren) es una aventura compleja, emprender siendo mujer, tiene un plus de dificultad. 

Llevo unos días reflexionando sobre las cosas que he vivido, y que me han marcado porque me han hecho pensar: “las estoy viviendo por ser mujer”. Y en el post de hoy, voy a contar algunas de esas experiencias. No hago esto con actitud de queja, y si me apuras, tampoco de reproche,  sino para visibilizar una realidad que sigue existiendo en pleno siglo XXI.

1.- Cómo fui invisible:

Corría el año 2011, cuando estaba montando la clínica con el que fue mi socio. Aunque él tenía unos años más que yo, ninguno de los dos teníamos ni idea de emprendimiento, así que decidimos ir a distintos organismos para asesorarnos. La Cámara de Comercio, el CADE, y el SECOT. Este último para quien no lo conozcáis es una iniciativa preciosa, en la que empresarios (y alguna que otra empresaria) jubilados ofrecen sus conocimientos y experiencia a emprendedores/as.

Allí fue donde, de repente, me volví invisible. Nos asignaron a un “senior”, que sería quien nos tutorizaría y guiaría en el proceso, pues en todas las reuniones, hasta que decidí plantarme… ¡¡hablaba mirando a mi socio!!.

En una de las reuniones, hablándole con todo el respeto posible, le dije: -Oiga, creo que la empresa la estamos montando al 50%, a lo mejor yo también tengo que ver algo en las decisiones. No se si le molestó o no, pero desde aquel momento, dejé de ser invisible. 

2.- Cuando me volví “niña”:

Después de todo el papeleo, las obras y las decisiones, por fin abrimos la clínica. Como he dicho un poco más arriba mi antiguo socio, además de hombre, era mayor que yo, pero estudiamos fisioterapia juntos. Así que él tenía mucha más experiencia vital, pero no como fisioterapeuta. Durante el tiempo que tuvimos esa clínica fui “la niña”, con la consiguiente disminución de autoridad. Todo el mundo me preguntaba por “mi jefe”, pues daban por hecho que lo era. 

Varias veces intenté hacer ver que llamarme “la niña” no me hacía ningún favor, pero siempre se me respondía en tono jocoso, que era algo cariñoso. 

3.- Cuando me hice un peinado de “lesbiana comunista”

Ya trabajando en la actual clínica, creía que me había librado de algunos tipos de comentarios y habría cosas que no viviría. Pero no fue así. Una vez, decidí dar un cambio radical a mi imagen y me corté el pelo corto. Al verme, un paciente exclamó: ¿y ese peinado de lesbiana comunista que te has hecho?. Nunca más volví a verlo. 

4.- Cuando fui una loca, y contraté a un administrativo chico

Esta quizás, sea la que más que hablar ha dado en la historia de la clínica. Cuando el volumen de pacientes fue tal que nos era muy dificil controlar la agenda, pensé en contratar a alguien para que me ayudara con esas tareas. Dentro de sus competencias, por logística, también estaría la limpieza y el orden de la clínica. 

Cuál fue mi sorpresa, al descubrir que yo fui la primera en caer en el esterotipo. Encontré a la persona perfecta, y después dije ¿cómo voy a contratar a un hombre de administrativo si el público mayoritario son mujeres?

Casi como terapia, tomé la decisión de contratarlo. A día de hoy lleva 4 años en la empresa y todo funciona perfectamente, en parte, gracias a él. 

Pero esto no ha estado exento de polémica:

-¡Ah! Pero ¿él también limpia?

-Vaya, se han invertido los papeles de jefe-secretaria.

-Pero… quien me va a tratar es una chica ¿no?

-¡Ay! Es que me bajó la regla y me daba cosa decirselo a Alex…

5.- Cuando eligieron mi edad reproductiva

Esto está en el Top 1 de preguntas que recibo diariamente: 

-¿Cuándo vas a tener hijos?

-Que ya tienes 32…

– No vayas a dejarlo mucho más…

– Y cuando tengas hijos ¿qué vas a hacer con la clínica?

Un día, que me pilló reflexiva, le pregunté a Alex si a él le habían preguntado alguna vez eso mientras estaban esperando a la sesión. Me miró como si le hubiera preguntado por la cura del covid. 

Estos son solo algunos ejemplos de situaciones a las que las mujeres emprendedoras nos enfrentamos diariamente. No considero que mi caso en particular sea uno de los más llamativos. Pero quiero ponerlo para que sirva para visibilizar como incluso una mujer de una clase social media, cierto nivel cultural y criada en una familia feminista, es objeto de este tipo de comentarios.

Si en mi caso es así, ¿qué pasaría si además fuese negra? ¿y gitana? 

Por esto, días como el 8M, sigue siendo un día de lucha.

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